“Las cosas que estoy haciendo son tan absurdas que cuesta creer que sean reales”. Lo dice asombrado de sus propios avances Elon Musk, el primer trillionario del planeta, pionero de la nueva revolución tecnológica en comunicaciones, en transporte y en el espacio. En una fascinante entrevista con The Economist, lanzó sus predicciones: en cinco años los sistemas de inteligencia artificial podrán superar la suma de toda la inteligencia humana; en diez años, se dará inicio a la “era de la abundancia” en la que los robots coparán el trabajo y el dinero “ya no importará”. Algo inimaginable, en poco tiempo.
El mundo va tan rápido que el vértigo y la sorpresa alcanzan hasta a uno de los máximos impulsores de la aceleración del cambio. Obviamente, es sólo un pronóstico –aunque él diga que es muy bueno en eso– pero lo que sí es un hecho es que el uso de la IA, el algoritmo y el consumo digital ya modifican desde hábitos y conductas cotidianas hasta los sistemas políticos tal cual los conocimos hasta ahora.
En el inicio de la Copa del Mundo, pululaban los elogios de fanáticos de Lionel Messi en distintos países, ni hablar de Bangladesh, incluyendo a celebridades como Shakira, Mike Tyson, Maluma, Erling Haaland, y una larga lista. De repente, sobre el final, se impuso con la misma fuerza la ola inversa: una ráfaga de repudios hacia la selección y al país, catalogada como “campaña anti argentina”. Todo se vive como una batalla de vida o muerte, hasta que aparece la siguiente indignación. No se termina de digerir el alcance ni el grado de veracidad de nada y, en el fondo, tampoco importa.
Con umbrales de atención cada vez más bajos, la capacidad de atender estímulos comunicacionales es escaso y, sobre todo, muy superficial. Esto impacta en decisiones en apariencia triviales (qué perfume compro o cuál tema escucho) y en otros más estructurales respecto de la participación política. Javier Milei capitalizó el éxito comunicacional que ofrecen las redes sociales para discursos que se basan en emociones negativas como el enojo y la bronca, que disparan el alcance de ese tipo de publicaciones. Así se construyó como outsider y así también continúa su narrativa desde el poder, en un calco de la estrategia de Donald Trump.
En los hechos, se da una paradoja: el factor tecnológico y la mayor conectividad a internet jugaron un rol de catalizador y, lejos de blindar a los gobiernos, determinaron su alternancia. Esa hipótesis sostiene el consultor Julián Kanarek en el libro “Omitir intro: Pantallas, dopamina y aceleración democrática”. El leitmotiv de la investigación es una pregunta: ¿De qué manera nuestros comportamientos digitales pueden estar predisponiéndonos a un cambio permanente, ya no solo de contenidos, sino de opciones políticas?
Desde 2022, se registra a nivel global “la hoguera de los oficialismos”. En América Latina hasta la actualidad, el 70% de los candidatos presidenciales del partido gobernante cayó ante opositores, de derecha o de izquierda. En Estados Unidos, por primera vez en la historia, ganó tres veces consecutivas un postulante de la oposición (Trump, Biden, Trump). En Europa se precipitan elecciones anticipadas de gestiones que no pueden culminar mandatos o bien necesitan validar sus acciones gubernamentales.
En una especie de scroll infinito, la gente no tolera un contenido digital por más de tres segundos y exige respuestas rápidas a sus problemas. En general, casi no existe la “luna de miel” de 100 días para los presidentes recién asumidos.
Según la investigación de Kanarek, se percibe la siguiente correlación: mientras mayor índice de calidad democrática y penetración de internet se registra en un país, hay más propensión a castigar al oficialismo a la hora de votar.
Este es el contexto en el que se encamina Milei a su proceso de reelección. En la Casa Rosada, no desconocen el escenario aunque lo matizan: creen que la pandemia, un hecho absolutamente extraordinario, generó un cimbronazo y no necesariamente marca una tendencia de recambio permanente. Sí subrayan que la hiperestimulación informativa genera mayor decepción con la dirigencia y consolida la crisis de representación, existente desde antes.
Esto no es inocuo. Un informe titulado “¿El fin de la era democrática?” del Instituto V-Dem, en 2026, plantea que hay un proceso de “autocratización” en el mundo, en distintos niveles: algunas conservan la fachada de elecciones (aunque con manipulación, sin división de poderes y fuertes restricciones) y otras son catalogadas como “cerradas” porque no hay comicios multipartidistas. El 74% de la población vive bajo autocracias, y por primera vez Estados Unidos baja su calificación de “democracia liberal” a “democracia electoral”.
Mientras tanto, el Gobierno se enfoca en la reforma política, con el objetivo de bajar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Sea eliminación o suspensión. Hay otras modificaciones en el proyecto pero el centro neurálgico es ir a votar solo una vez y, eventualmente, en un balotaje. El supuesto no dicho es que eso mejora las chances de La Libertad Avanza al evitar que la oposición ordene y potencie su oferta.
Hasta ahora, la negociación con gobernadores y otros partidos para conseguir respaldo es compleja y, a priori, parecería que el debate se estira a septiembre. Para conseguir el apoyo de las provincias, se activaron dos posibilidades:
1) Introducir en la Boleta Única de Papel (BUP) el concepto de la ley de lemas, herramienta que en la Casa Rosada atribuyen a la UCR en el Senado. Esto significa que una candidatura presidencial lleva debajo dos listas legislativas de la misma agrupación cuyos votos se suman. La distribución de cargos entre las listas depende de los votos obtenidos. La ley de lemas fue usada por el peronismo durante décadas en provincias como Santa Fe, y duramente criticada. En despachos oficiales, evalúan que esta opción generaría “alto costo político” y “no parece jurídicamente viable, ni siquiera conveniente en el resultado”.
2) Habilitar una colectora. Es vista como una salida intermedia. Implica que el candidato a presidente pueda autorizar además de la propia una lista legislativa extra, de otra agrupación, que vaya en la misma columna de la BUP. Estas dos listas compiten entre sí y contra el resto; no se suman. Ambas pueden traccionar hacia arriba si el elector utiliza el botón de lista completa, contemplado en la reforma.
La sola descripción de los mecanismos suena tan engorroso que en el discurso será difícil para los libertarios explicar de qué se trata y por qué se avanza en ese sentido. Por supuesto, hay apartados de mejor marketing para el nicho al que le hablan, como la reducción del aporte del Estado a los partidos, mayor exigencia para conservar la personería jurídica, la eliminación de la publicidad electoral gratuita en medios y “ficha limpia”.
La agenda parlamentaria quedó empantanada. Esperan para su tratamiento la ley de “inviolabilidad de la propiedad privada”, el “super RIGI”, la “inocencia fiscal 2”, la redefinición del subsidio de “zonas frías” de gas y la reforma a la carta orgánica del Banco Central, todos de corte económico.
El Gobierno atraviesa un momento de quietud después de la reconfiguración del gabinete. Queda definir algunos cambios, pero, por supuesto, cualquier interpretación cae siempre en el encuadre de la interna entre el asesor presidencial y Karina Milei, aunque no siempre ese sea el origen. Esa distancia es insalvable y hasta se lo toman con sorna. En la reunión de mesa política del martes, Caputo se apuró para colocarse en el sofá al lado de la secretaria general. También hizo que “Lule” Menem se siente a su otro costado. Los tres aparecen sonrientes en la foto oficial.
Dos días después, la cuenta de LLA anunció la celebración del “Día de la Unidad” por el 23 de julio de 2025. Fue entonces cuando Karina se mostró con la lapicera en la mano para cerrar las listas de candidatos bonaerenses, en alianza con el PRO, pero en las que dejó afuera a Las Fuerzas del Cielo, alineadas con el asesor. La conmemoración, como el ardid de la foto, parecen bromas de colegio. Es toda una evolución: antes se tiraban con carpetas, ahora con chistes.
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