Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, murió este domingo a los 95 años. Estaba internada desde hacía días en el Hospital Italiano, confirmó su familia
“Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste: hoy partió nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea fundadora”, informó en su cuenta de Instagram la organización.
Su hija, Fabiana Almeida, confirmó en diálogo con C5N que los restos de Taty serán velados en la sede de Foetra (Hipólito Yrigoyen 3171), el Sindicato de las Telecomunicaciones, este lunes desde las 14 horas. “Mamá quería ahí, en un sindicato, nada de Legislatura y nada de Congreso”, dijo.
“Se fue dormidita”, reveló Fabiana. “No sufrió el ultimo momento, y estuvo de la mano de mi hermano y mía”, agregó.
Almeida se había unido al grupo de mujeres para reclamar por la desaparición de su hijo Alejandro, desparecido el 17 de junio de 1975, en los tiempos de la Triple A.
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Junto a Nora Cortiñas, fallecida en 2024, quedaron como referentes de la Línea Fundadora cuando Madres de Plaza de Mayo se dividió. La otra rama, liderada por Hebe de Bonafini, fue más intransigente (seguía con el reclamo por “todos los desaparecidos con vida”). Pero se mantuvo, en ambos casos, la consigna de los orígenes del 77: seguir sacando sus pañuelos blancos a las calles para exigir memoria, verdad y justicia.
Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, aseguró que “la tristeza es enorme” tras conocer la noticia de la muerte de Almeida. “Es la sensación de que es la ley de la vida, con la edad que ya tenemos es lógico, pero nunca queremos que venga. Cuanto más tarde venga mejor, porque nosotros estamos luchando todavía por tantas cosas que pasaron en nuestro país”, agregó en diálogo con C5N.
También se pronunció Cristina Kirchner, quien cumple prisión domiciliaria en su departamento de la calle Constitución. Lo hizo a través de un mensaje en X. “Luchadora incansable que honraste la vida”, escribió la ex presidenta.
Luchadora incansable que honraste la vida.Hasta siempre querida Taty. pic.twitter.com/VMbtgwtAQZ
Lidia Stella Miy-Uranga, tal su nombre completo, provenía de una familia con varios militares entres sus antepasados directos. Su padre, Carlos Vidal Miy, fue oficial del ejército. Y por vía materna, venía de una familia de gran tradición en Entre Ríos (su tío Raúl Uranga llegó a ser gobernador de esa provincia durante la presidencia de Arturo Frondizi).
Había nacido en el barrio de Belgrano, vivió varios años en Mendoza, y regresó luego a Buenos Aires. Sobre sus primeros años, recordó: “Reconozco que mi familia tenía una posición social buena pero sin ningún tipo de delirios. Teníamos la niñera y una mucama, pero siempre con los pies en la tierra. Mis padres nos dieron mucho amor y cariño… siempre nos decían que eran de avanzada, porque había un gran cariño y respeto, no temor. Yo creo que esa niñez, adolescencia y juventud me sirvieron para lo que después me tocó, he tenido una familia muy unida y lo seguimos siendo”.
Estudio magisterio donde conoció a su esposo, Jorge. La pareja se casó y tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y Fabiana.
Su hijo Alejandro militaba en ERP-22 de agosto, además era estudiante de Medicina y trabajaba en el Instituto Geográfico Militar. El 17 de junio de 1975 la Triple A lo secuestró y hasta el día de hoy permanece desaparecido. Taty desconocía –según expresó- la militancia de su hijo.
Almeida, quien ejercía como maestra en ese entonces, se unió a Madres de Plaza de Mayo recién en 1979. “Creo que las Madres tomamos real conciencia de que nuestros hijos no estaban detenidos e incomunicados recién en el año 82. De ahí que gritábamos: ‘con vida los llevaron, con vida los queremos’, porque creíamos que estaban vivos. No se nos pasaba por la cabeza lo que estaba ocurriendo. Era una cosa que no lo podíamos aceptar”, explicó.
Diez años después del secuestro de su hijo, Taty participó junto con un grupo de Madres, de una actividad en Ciudad Universitaria, como homenaje a los estudiantes desaparecidos. Allí, por primera vez, conoció a algunos de los compañeros de su hijo que le brindaron detalles de su actividad política.
“Cuando se lo llevaron a mi hijo, él tenía 20 años. Trabajaba en el Instituto Geográfico Militar. Hay muchas versiones acerca de su desaparición, pero me siento absolutamente orgullosa de él. Nosotras, las Madres, muchas veces sentimos que son nuestros hijos quienes nos han parido, quienes han dado fuerza a nuestra lucha. Yo también vivía en una nube, y Alejandro fue quien me abrió los ojos, el me parió a mí aunque el costo haya sido tremendo”, expresó alguna vez, cuando Clarín la reunió con Julio Ricardo Villa, uno de los campeones mundiales del 78.
En el año 2008, Taty publicó el libro ‘Alejandro, por siempre… amor’ que recoge recuerdos, testimonios de familiares, amigos y comentarios de lectores además de los 24 poemas hallados en la agenda de Alejandro. Taty explicó de esta manera su decisión de darlos a conocer: “Hace tiempo que entendí que nuestros hijos son parte de la historia de todos. Es importante que se conozcan estos textos que dejó mi hijo como testimonio de la sensibilidad de su generación”.
En 1986, cuando la organización se divide, quedó en la Línea Fundadora de la que se volvió una de sus mayores referentes en los últimos años.
La división en Madres fue dolorosa y con el correr de las décadas se profundizaría cuando surgieron las investigaciones por los negociados en Sueños Compartidos. “Es muy triste –expresó en ese momento Almeida- y lo que habrá hecho la señora Bonafini… ella sabrá. Al pañuelo hay que saber llevarlo y la justicia debe investigar”. Agregó que “por algún motivo nosotros nos separamos en el 86, la gente ya sabe quién es quién. Todo esto es muy doloroso porque detrás de los pañuelos están los 30 mil desaparecidos”.
A diferencia del sector de Bonafini, que atacó siempre las políticas de Alfonsín en el advenimiento de la democracia, Taty consideró: “Cuando llegó el Dr. Alfonsín fue como respirar otro aire, llenar los pulmones de oxígeno y de esperanza, porque fue el primer presidente que juzgó y condenó a la Primera Junta Militar, o sea, civiles condenaron a militares y a perpetua, así que todos creíamos que al fin… Pero, lamentablemente, no supo aprovechar ese apoyo que tenía (no sólo en Argentina, también internacional) y, presionado, dictó las leyes de impunidad: Punto Final y Obediencia debida”.
Aún cuando las organizaciones de Derechos Humanos se vieron durante un largo tiempo cooptadas por el kirchnerismo, en Tati siempre se reconoció una actitud más pluralista y alejada del dogmatismo. Procuró tender puentes hacia organizaciones sociales y culturales, y a distintos sectores políticos. En los últimos años, por ejemplo, había acompañado las marchas universitarias y también los paros de la CGT.
En abril del 2025 recibió el título “honoris causa” de la UBA en la Facultad de Filosofía y Letras. Sentada en una silla de ruedas y con el tradicional pañuelo blanco sobre la cabeza, Almeida fue ovacionada por cientos de personas que colmaron el aula magna de la facultad. Anteriormente había recibido distinciones similares en otras casas de estudios del país y en la Legislatura de Buenos Aires que la nombró “Personalidad Destacada” en el ámbito de los Derechos Humanos, en 2011. “En mí están todas las Madres: las que aún están, las que no están pero siempre van a seguir estando”, expresó.
Participó en distintos actos al cumplirse los 50 años del golpe militar y manifestó: “Me indigna que se quiera negar desde el Gobierno y otros sectores lo que se sabe que es real”, en referencia a los crímenes de la dictadura.
BPO
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